Digital y sostenible: así se imaginan los jóvenes el futuro de las ciudades
Los grandes núcleos urbanos deberán reinventarse para responder a las demandas de la creciente población juvenil. Un 60% de su población tendrán menos 18 años en 2030, según la ONU
Un gran imán. Eso es lo que son las grandes ciudades para los jóvenes. Un imán que los atrae irresistiblemente hacia sus luces de neón: sus grandes oportunidades laborales, su oferta cultural y de ocio, sus inmensas posibilidades de interacción social… Justo lo contrario de las zonas rurales, donde es más fácil ver el horizonte físico pero los horizontes vitales son mucho más estrechos.
Esa paradoja explica la pulsión permanente que sienten los jóvenes de cambiar los pueblos por las ciudades y las ciudades pequeñas por las grandes urbes. Pero hay una segunda paradoja en esa relación de atracción. “El precio de la vivienda y el del ocio ha ido expulsando a los jóvenes del centro urbano”, sostiene Carles Feixa, catedrático de Antropología Social de la Universidad Pompeu Fabra (UPF).
Experto en sociología de la juventud, ha teorizado sobre la relación histórica entre juventud y espacios urbanos. Un viaje que comienza con las plazas públicas y el concepto de noria (paseos arriba y abajo) y que va haciendo escalas sucesivas en los guateques, las discotecas, los pubs, “la reivindicación de la libertad en el uso del espacio público tras las restricciones impuestas por el franquismo”, las macro discotecas en las afueras y las raves.
“A partir de los 90, se produce una cierta periferización del ocio juvenil, porque las discotecas son trasladadas a polígonos y otras ubicaciones alejadas del centro de las ciudades”, explica Feixa, que habla también de una nocturnización de esa relación. Es decir, los jóvenes se fugan a espacios que se pueden costear, de los que pueden apropiarse o en los encuentran refugio de un mundo que los aparta. Porque, según Feixa, “en la definición de las ciudades se tiene en cuenta a los ancianos y a los niños, pero no a ellos”, que acaban replegándose a la habitación o el ciberespacio, dejando desiertos los antiguos lugares de interacción.
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